Nuestras Historias

Cómo empezamos

Lo más grato de todo es que Dolce Capriccio se ha posicionado como un lugar donde todo es posible, desde celebrar, recordar, amar y soñar, hasta comer la mejor torta de chocolate de la ciudad.

Esta maravillosa aventura comenzó hace más de 15 años, cuando convertimos aquella pequeña esquina miraflorina en un rincón repleto de sabores. En todo este tiempo, y dado que somos una familia en constante busca de emociones, hicimos una serie de locuras: nos mudamos, crecimos e inclusive nos multiplicamos. Sin embargo, nuestra esencia no ha cambiado: nacimos para hacer felices a nuestros comensales y ese sigue siendo nuestro diario y esforzado empeño. 

Trabajamos con insumos frescos y de primera calidad; en nuestra cocina priman las manos y no las máquinas; somos creativos e innovadores; nos encanta la perfección y seguimos con orgullo el mandato de nuestras mamás y abuelas. De ellas, no solo aprendimos a cocinar con el corazón, sino a disfrutar del calor de una mesa y de los aromas que desprende el horno. Su magia y espíritu casero pululan por todas partes, en cada una de nuestras tortas, postres, pasteles, galletas, quiches o sánguches.  

No habríamos llegado hasta acá, sin embargo, sin la ayuda de nuestros colaboradores. Ellos han crecido con nosotros y han encontrado aquí la posibilidad de desarrollarse profesionalmente. Tampoco estaríamos tan felizmente atareados sin la preferencia de nuestros clientes, los que nos acompañan desde siempre y los que recién nos conocen. 

Lo más grato de todo es que Dolce Capriccio se ha posicionado como un lugar donde todo es posible, desde celebrar, recordar, amar y soñar, hasta comer la mejor torta de chocolate de la ciudad.

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